Cursilería
Quiero hablar de tus ojos como aquel poema que no terminé de leer por miedo a enamorarme. Hay una melodía que suena una y otra vez en mi cabeza y en esta ocasión el cansancio no prima sobre mis ganas de pensarte.
Me sumergí por horas en mi infinita nada repleta de recuerdos que me causaban nostalgia y me pregunté qué hacía husmeando una vez más por ahí, fue entonces que entendí, solo cuando la ansiedad empezó a consumirme, que buscaba los beneficios que el paso de tu amor dejó en mi vida. Como buscar quarzo entre pequeños trozos de vidrio. Hallé lo que pude, lo tomé y cerré bien la puerta al salir.
Es muy curioso recordar de esta forma tan singular tus ojos color café, tu aroma impregnado en mi ropa, en mi piel y hasta el sabor de tus besos. Estar entre tus brazos se convirtió en mi pasatiempo favorito. Tenías una manera muy curiosa de dormir y más de una vez anhelé conocer que pasaba por ese cerebrito al fruncir el ceño entre sueño y sueño.
Que me robes un beso a la mitad de una sonrisa, una carcajada estruendosa retorna a mi mente ahora, ¿Por qué todo en tu vida siempre fue risa? No puedo precisar que fue lo que sentí y hoy te puedes conformar y si deseas incluso enorgullecer al saber que al menos tú sí fuiste capaz de conocer lo mejor de mi.
Miradas cómplices de amarse eran las nuestras al cruzarse. Tanto quise decirte, tanto sentí que deseaste transmitirme, pero la resignación despedazó nuestro escondite y fragmentó tus emociones. Me quedé en una esquina avizorando tu destrucción y probablemente pude haberte ayudado, pero tenía los brazos repletos con las piezas de mi alma. Te concedí mi primera ilusión y hoy en día me arrepiento de ti, pero jamás de tu amor.
Comentarios
Publicar un comentario