Gracias
Este miércoles decidí que sería un día diferente. Salir del trabajo e invitar a mi madre y a mi hermanito a cenar a un restaurante bonito e ir por unos helados después. Darme un tiempo no solo para mi, sino también para ellos, distraerme y que no exista en mi cabeza nada más que la imagen de mi familia feliz.
Para resumir todo tranquilo hasta que estando en el carro listos para marcharnos a casa recibí la llamada de mi padre, no pude reconocerle la voz, no parecía él, su agitación y el llanto no me permitían entenderlo, hasta que por fin soltó lo que tenía dentro. Solo dos veces en mi vida antes había sentido como el corazón se me rompía en pedazos, el no poder controlar mis lágrimas, un dolor intenso en el pecho. Ver como la vida sigue desde la venta de copiloto en el carro, pero mi mundo, todo mi mundo estaba yéndose al carajo en un instante.
Mi abuelo había entrado en coma diabético y los doctores hasta ese momento no daban esperanza alguna por la edad que él tiene, estaba siendo trasladado de Bagua hacia Chiclayo de emergencia. Mamá se quedó callada mientras yo lloraba, ella creo que ya sabe lo mucho que odio que me intenten consolar.
En el transcurso de las horas, después de varias llamadas. Finalmente me dieron la noticia que lo habían logrado estabilizar, logró volver en sí, pero no reconocía a nadie. Pude suspirar y ahora solo quedaba una idea que rondaba mi cabeza una y otra vez... estoy enferma hace mucho tiempo por irresponsabilidad mía, tengo el azúcar elevada y quien sabe cuantas cosas más. El recibir la noticia de mi abuelo no solo hizo que interiormente estallara, sino que me nublo la vista, un dolor de cabeza imparable. Estaba yo a mi corta edad poniendo mi vida en riesgo por hacer tantos desajustes con mi alimentación.
A las 5 a.m. del jueves decidí ir al hospital y hacerme unos análisis que no debí haber postergado tanto tiempo. Mis brazos morados de tantas veces que me incaron intentando encontrar mis venas y seis tubos de sangre que me sacaron, dan fe de ello. Aún sabré si soy diabética o no el 12 de este mes, pero estoy más tranquila por haber dado ese paso.
Mientras estaba en el hospital, una de mis mejores amigas (que vive en Chiclayo) me mandó un texto diciéndome que estaba en Lima. No dudé en ir a verla apenas salí del hospital. Salía el sol otra vez y las cosas se iban poniendo en su lugar, esa tarde entendí que pase lo que pase, nuestra amistad era increblantable. Siempre oportuna, estando, sin saberlo, cuando más la necesito.
Mi viernes fue casi perfecto, cumpliendo con la promesa de cambiar de vida y hábitos alimenticios, salí a montar en bici con una amiga. Sentía tanta paz mientras el aire chocaba con mi rostro, de verdad me sentía plena y también orgullosa de mi misma por haber podido recorrer todo el camino que recorrimos.
Bueno, no todo es bello, siempre llega la realidad o un grupo de personas a recordarte lo podrido que está el mundo. Mientras repasaba en mi mente lo bonito que había sido mi día recibí la llamada de un grupo de chicos a los que alguna vez llamé amigos. Sí, los mismos que corrieron cual gallinas dejándome en un parque mientras dos ladrones armados me golpeaban para quitarme el celular, esos mismos decidieron ayer por la noche llamarme para decirme como broma "te vamos a robar tu iPhone". Mentiría si dijera que su broma estúpida no me afectó, ya que hizo que mi mente retrocediera a esa noche y sintiera ese mismo miedo. Me siento hasta ahora sorprendida, no solo porque una parte de mi ser alguna vez creyó que ellos tenían neuronas, sino porque un primo mío forma parte de ellos, pero bueno, ya entendí que la presión de grupo puede más y él siempre será de los que siguen lo que los demás hacen. También y por qué no mencionarlo, un ex mío forma parte de ese grupo. Después de la indignación y el asco que me produjo escuchar sus voces burlonas, reflexioné y hoy realmente me siento agradecida porque ellos no formen más parte de mi vida. Chiclayo es hermoso, tiene gente hermosa, lugares lindos, pero como todo lugar siempre tiene sus cositas, un par de ladrones armados o un grupo de chicos con mucho tiempo libre y excremento en el cerebro, no tienen que arruinar todo lo bonito que yo siento por ese lugar.
Estoy adolorida y no siento mis piernas por las horas de bici de ayer, pero hoy más que nunca tengo ganas de levantarme de cama y hacer cosas. La semana que tuve es un vivo ejemplo que después de cualquier tormenta, por más fuerte que esta sea, siempre, siempre sale el sol y pase lo que pase el 12 de noviembre, sé que me levantaré una vez más, como hasta ahora y como siempre.
Creo que pueden sacar no solo esa reflexión de todo lo que he escrito hoy, pero por si no lo entendieron, soy más específica. Tienen una vida larga por delante y a veces resguardados bajo razones estúpidas ponemos en riesgo nuestra vida, recuerden que es comer para vivir y no vivir para comer.
Gracias Dios, por darme un día más de vida, por cada nueva oportunidad y por el aliento constante que siento que me das en cada oración. Gracias Emma por ser siempre tan oportuna e incondicional, gracias Samy por jalarme las orejas muchas veces con mis decisiones y las dos, estar siempre para mi Gracias Andrea y Claudia por desahuevarme y cuidarme de las miles de tentaciones. Gracias Elka, por botar el desecho de m&m's antes que le diera curso, por ponerme esa cara de mierda que me quita el apetito cada vez que quiero ingerir azúcar y gracias ma, por mis verduras, por llevarte todo lo dulce que tenía guardado en el cuarto y por motivarme constantemente. Es una larga lucha la mía, pero estoy contenta de saber que los tendré a cada uno de ustedes conmigo durante este proceso. Hasta un nuevo post.
- Nicole Pfeiffer
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